Feliz día mamá

Feliz día mamá

“No es el primer año que pasamos distanciadas. Creí que por ese motivo me resultaría más fácil sobrellevar este. No obstante, estaba equivocada. Pienso en todos los que quiero vivir a tu lado. Sé que tan solo es un día. Por supuesto, para mí eres especial los 364 restantes y lo demuestras en cada uno de ellos.

Este día, el de todas las madres y grandes mujeres, reflexiono sobre la situación que vivimos. Probablemente más en cómo la estás afrontando tú. Estás con papá y te faltamos nosotras, mi hija y yo, tus niñas. Es un momento complicado y tenso. Odio no estar cerca y controlar lo que ocurre. Me preocupa como estéis.

Te conozco y sé de tu fortaleza. Me falta llegar a casa con un ramo de rosas para ti, de color salmón, tus preferidas. Pero te digo que lo celebres igualmente, que te prepares un café y te distraigas con una peli de sobremesa.

Entre nosotras la distancia no ha hecho el olvido, sino que incrementa los lazos, la ilusión de vernos, ahora más que nunca de abrazarnos y besarnos. Queda menos para reencontrarnos, para respirar con calma. Algunos dicen que es un año perdido, yo no lo veo así. No hay contacto físico, pero no se han perdido las ganas de saber del otro, de escuchar, de comunicar, de explicar emociones y compartir momentos.

Son muchos los días en que hablamos acerca de nuestros miedos, nuestras dudas y pareceres. Ponemos en común opiniones en cuanto a todo esto. Al principio estábamos más temerosas, ahora parece que hay mejoría. Esto es cosa de todos. Volver a vernos es asunto de cada uno de nosotros, de nuestro buen hacer e inteligencia.

Ser madre no es algo más, es el mayor de los cometidos en la Tierra. Como madre llegas a conocer a tu hijo más allá de lo que podría incluso él mismo. El vínculo es indestructible, exista mar, montaña o mil obstáculos entre ambos. Convertirse en madre permite conocer del todo a la tuya propia y descubrir que sus desvelos siempre han tenido una base lógica.

Las videollamadas ayudan a suavizar la incertidumbre acerca del estado de otras personas. Pero falta mirarse fijamente a los ojos y descifrar. Hablarse con solamente una mirada es algo muy propio entre dos seres, tan parte el uno del otro.

Pienso que tras felicitarnos mutuamente y desear que el tiempo que queda transcurra con prudencia y responsabilidad, podamos tomarnos unas tostadas entre risas, alzando la mirada por quienes no han podido superarlo. Vivir lo que nos quede por los demás, será el mayor homenaje que podamos rendirles.

Somos la extensión de la otra. Sufrimos en el mismo momento y nos llamamos en la ocasión oportuna. Más allá de algo físico, es un cordón emocional que jamás se ha cortado. Saber adaptarse a las nuevas circunstancias ayuda a crecer, a fortalecerse y a dejar de angustiarse.

Quiero expresarte mi gratitud porque no necesito preguntarte nada. Todo lo que me has enseñado me permite conocerte en profundidad y saber que estás siempre ahí para mí. He aprendido de ti a ser madre, a amar sin medida y a priorizar ese sentimiento al de cualquier otra cosa.

Vivimos una etapa única, histórica y aunque separadas, tremendamente unidas. Los problemas unen y hacen ver quién se desvive por cuidar y proteger al otro. No existe algo que pueda destruir lo que florece entre una madre y su hijo, porque su dimensión supera a la de cualquier conflicto, crisis o amenaza. El amor entre madre e hijo es el mayor antídoto para el sufrimiento. Y la esperanza de regresar a las raíces, asegura la estabilidad que en este momento se halla endeble”.

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