El día que pienso que sin ti la vida es básica

El día que pienso que sin ti la vida es básica

Llega un día, en la vida de una madre, que al mirar a su hijo comprende el significado de todo lo que la rodea. Resulta más fácil hallar el sentido de lo absurdo, de lo más complejo y de lo que nunca importó o era banal. Un día, cuando tu hijo te habla sin tapujos, te mira, se ríe a carcajadas y entiende tus bromas, piensas que todo cuanto te da, es necesario para tu real existencia.
Se da por sentado que los días son duros de pasar para quienes tienen hijos, que el agotamiento físico y mental hace que uno piense en rendirse, se crea mala madre, no comprenda porqué tanto trabajo y tan poca consideración. Incluso, vienen a la mente momentos del pasado donde la vida se percibía más cómoda y menos angustiosa.

Es casi improbable encontrar padre o madre que no lamente los difíciles momentos con un hijo, sin embargo, tampoco hay padres que se imaginen la vida sin ese hijo, el hijo por el cual todo se hace distinto. El pequeño travieso, guerrero, que reta y hace locuras…, ese que da el aliento que en ocasiones impulsa. El hijo que mira como nadie ha mirado nunca y consigue conocer a la madre mejor que ella misma.

Llega una mañana que una se para y comprende, ve, escucha y siente como nunca antes. Una día la vida deja de ser lo que pretendía ser y una madre deja de imaginarse lo que fue o lo que pudo ser. El momento en que tu hijo llega a tus brazos tu vida pasa a ser él. El día que tu hijo te habla logrando que ignores todo lo que tienes y veas que él es lo único que necesitas para reconocerte, se encuentra la respuesta.
El niño con el que llegas a pasar una tarde de risas, reláx, charlas y con el que se logra una conexión solo propia de ambos, da más que quita. Y eso se descubre el día menos pensado, cuando sufres por cualquier motivo y solo recurres a él, porque entiendes que él es la cura. Cuando ocurren sucesos duros, tu niño te levanta, te mira, te dice «no pasa nada» o «yo te puedo ayudar», y te hace sentir su máximo apoyo, su superhéroe y a quien necesita incondicionalmente.
Pasado el tiempo, tras aventuras fabulosas, descubres que pese al trabajo la satisfacción es mayor, el regalo que se te ha dado te llena el alma, te cercioras que las cosas trascurren suficientemente bien. No hay madre ni hijo perfecto, sí existe la unión perfecta, el vínculo que ambos forman, se presenten discusiones, malas caras o palabras. La madre perdona y el hijo también. Llegar al final del día sonriendo, por poder dar la mano al hijo hasta que se duerma y besarle al despertarse, hacen que esa vida básica resulte ser el peor de los anhelos.
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