Madre amante y trabajadora

Madre escribe en su pórtatil desde casa.

Madre amante y trabajadora

Mamis que os dedicáis a trabajar desde casa. Algunas hemos buscado la manera de conciliar vida laboral y familiar. Por supuesto no está al alcance de todas ni nos dan facilidades. Si no tuviese hijos no me importaría trabajar fuera de casa. Antes no conocía otra cosa. Tras convertirme en madre no concibo alejarme físicamente de mi hija. No por ahora.

El dilema es qué hacer. En mi frecuente búsqueda personal me he encontrado con el tema de la maternidad. Mi mundo ahora gira entorno a esto. No es algo que pueda hacer sin más. Sinceramente he de ampliar miras y poner en práctica otras ideas pero cuando vea a mi hija en el cole. Realizaré algunos planes cuando sepa que ella estará menos en casa y tenga más tiempo para mí.

Sea lo que sea, ser madre me ha cambiado y me ha hecho alterar mis prioridades y visualizar un futuro que veía incierto. Sé que la base de mis futuros proyectos quiero que sea la maternidad, no solo la mía sino en general. Quiero trabajar por y en ello. Considero que cuando pasas de plano y llegas a mirarte en el espejo y adivinar la cara de una madre, tu consideración como mujer ya no es lo principal.

Ser madre cuesta y cada segundo del día has de involucrarte, sobreponerte y afrontar nuevos retos. Eso requiere tiempo y dedicación. Todas las madres no pueden hacerlo. Obviamente muchas quisieran y no se les da opción, ni siquiera 6 meses tras dar a luz. Eso meses considero necesarios para recuperarse físicamente, mentalmente. No solo eso, también si deseas amamantar a tu bebé el tiempo que la Organización Mundial para la Salud y la Asociación española de Pediatría recomiendan.

El trabajo y crianza de un hijo son agotadores y siguen sumando. La mujer, seamos honestos, está en todo. Cose un botón, piensa en lo que falta por comprar o en el menú del día siguiente, lava ropa sucia a mano, cambia las toallas del baño, pasa el polvo, duerme al hijo y trabaja en el ordenador a las 23.30h de la noche. Podemos con eso y más pero llegamos exhaustas a la cama, sin saber el tiempo que se nos permite descansar a continuación.

Y así varios años hasta que el cuerpo crea costra y no siente apenas. La espalda se resiente, afloran las canas, los hábitos alimenticios y de sueño se ven alterados, el estrés y la tensión van en aumento… Cuerpo y mente actúan, con amor eso sí, porque la devoción a un hijo no falta. La madre ama incondicionalmente y no cambia su nueva vida, sino que acaba su trabajo y corre a abrazar y pasar tiempo con su niño. La madre disfruta y siente profundamente pese a la falta de esos momentos suyos que verdaderamente podría aprovechar.
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