La madre humana y valiente

Beso sincero entre madre e hija.

La madre humana y valiente

El cansancio de una madre

Me invade un sentimiento de asombro y satisfacción de saber de lo que es capaz una madre. Lo sé más de cerca, ya no solo por mi propia madre, si no porque yo soy una de ellas. No pretendo que me alaben ni que nos regalen flores días señalados en el calendario. Lo bonito de todo esto es ver sonrisas y caras de felicidad de la persona a la que estás protegiendo infinitamente.

Y no digo que como madres no erremos. Nos equivocamos a menudo, diariamente y lo sabemos. No hacer las cosas como quisiéramos es lo que más nos enfada. Como madres a tiempo completo, sobre todo aquellas que estamos en casa y trabajamos en casa, nos saturamos y parece que vamos a explotar. Hay días así en los que te ahogas y no sabes por donde salir, ahí es donde debes sacar ese temple de madre antes desconocido. Muchas no sabíamos que podíamos tener tanta paciencia.

¿Y esas infinitas noches? Podemos no dormir y seguir como si hubiésemos descansado durante días la mañana siguiente. Nadie percibe qué ha ocurrido ni cómo lo hemos pasado hijo y madre. Una madre no duerme, no descansa y no se sienta apenas en el sofá. Y si lo hacemos es nuestra mente la que no se relaja. Estamos alerta siempre y esperando. Es duro tener que esperar y no lograr dejarlo todo fluir. Con un niño pequeño creo que todavía es imposible.

El agotamiento no impide el amor férreo a un hijo

La madre reúne tantas cualidades juntas y sabe ponerlas en práctica. Lo único que le duele profundamente es quedarse corta y no gestionar adecuadamente ciertas situaciones. Pero sí, somos humanas. Todo puede mejorarse. Podemos rectificar, pedir perdón, y ¿por qué no decirlo?, podemos y debemos hacer mal o regular las cosas sin tener que sentirnos culpables. Estamos agotadas, es normal no gestionar bien ciertas situaciones y si no te apetece sonreír o te enfadan algunas situaciones no pasa nada, no hay que mortificarse.

Recuerdo una noche, en realidad son más de una así (pero por suerte las que menos), que mi hija se negaba a dormir y se reía, parecía vacilarme, bajaba de la cama, no se dormía en el pecho ni en brazos. No se relajaba, estaba alterada y eso que me había encargado de que no durmiese demasiada siesta, había jugado mucho en el parque y en casa… Pero son esos días incomprensibles. Pues yo estaba enfadada, la miraba seria y le decía que no quería que se moviese de la cama, que se durmiese. Ella solo me miraba como diciéndome no doy o no sé… En fin, se durmió cuando quiso pero yo solo quería que ocurriese y no me ablandaban sus tiernas miradas.

Momentos de cansancio y frustración, pero eso ocurre en muchas parcelas de nuestra vida. Somos seres humanos antes que madre, que mujer. Seríamos robots si las cosas fuesen de otro modo. Si además muchos de los aspectos de la maternidad debemos afrontarlos solas es más tremendo aún. Añadamos que no pedimos ayuda, así estamos hasta arriba.

Si tu hijo solo se duerme contigo, el mal dormir en años se adhiere a tus entrañas y es un milagro seguir con entereza. Pero lo hacemos, lo hacemos todo, a veces desganadas y desairadas pero lo intentamos. La madre no tira la toalla jamás por un hijo, quiere dar la talla. La libertad de la madre, de la buena madre, la que está y ejerce. Merece poder ser libre, actuar y ser comprendida. Lo triste sería desatender y despreciar lo que más quieres, enfadarte es poner sentido y emoción a lo que haces y por quien lo haces.

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