Paternidad vs maternidad

Paternidad vs maternidad

Madre y padre son importantes, aportan sentido a la palabra FAMILIA y a la educación del niño. Sus diferentes roles consiguen un tándem equilibrado.

No obstante, y sin ánimo de menospreciar, la madre es imprescindible. Y hablo de la buena madre, de aquella que cuida, protege y ama, de la que está 24 horas al día pendiente de todo.

Creo y apoyo la diversidad en los núcleos parentales. Una familia no depende de géneros, ni razas, ni religiones. Se asienta en el amor que procese a sus hijos y en los valores de respeto hacia el resto de personas.

Un padre aporta, complementa o completa la educación que imparte una madre, siempre aludo a excepciones, porque sí existen madres que se desentienden, reniegan o desprecian lo que han creado.

Existen madres que desperdician sus propias vidas, rechazan su sangre y muchas ni han aprendido a dar afecto (cabe no entrar en valoraciones de sus motivos), y los padres toman el testigo y dan la talla. Sí hay, pero habitualmente cuando hay carencia de la figura femenina o de su falta de involucración.

Una madre tiene intuición, conocimiento, comprende más fácilmente y empatiza mejor.

Conocemos sin que nos lo hayan dicho aún, percibimos situaciones, sospechamos conductas, sentimos que algo no va del todo bien o que algo preocupa… Estamos ahí sin que nos lo pidan y aunque no quieran. Una madre lo es desde que lo intuye por vez primera y ahí comienza la preocupación diaria que no finalizará jamás.

Si amamos y entregamos, nuestros hijos verán y copiarán. Si abandonamos a un ser querido o nos despreocupamos de su crianza, qué no haremos con otras cosas.

El niño juega, se divierte, ríe y canta con abuelos, primos…, pero un niño que tiene contacto y apego a su madre, volverá a su madre por encima de todo. El lazo que une, si sigue fuerte y cuidado no se romperá con el tiempo, solo evolucionará.

Una madre alzará los brazos para cobijar tras el llanto o el miedo, el dolor o la pena. El niño temeroso o enfermo busca el aroma y la calidez de los brazos que le arroparon por vez primera, de los besos y palabras que escuchó aún cuando desconocía lo que deparaba el mundo.

 

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